Querido... Sujeto.
Perdóname. No es un secreto tu nombre; y el mío no importa realmente. Te escribo esta carta para...
Ya no sé ni para que te escribo. Simplemente lo hago. Yo sé quién eres. Y aún así sigo escribiendo.
Y es que necesito hacerlo para saber que no estoy solo. Necesito creer que hay alguien esperando leer éstas palabras, para luego dejarlas con un beso. Suave.
Y a sabiendas que tu cuerpo no puedo tener, podría jurar ver tu silueta sinuosa por entre la niebla de mi razón, susurrando entre frase y frase mientras escribo.
Yo sé quién eres, cómo eres y de dónde eres. Lo que no sé es por qué me gustas. De qué manera. Incierta.
Pero hay mucho más que no sé.
No sé si habrá algo incorruptible entre nuestras almas. No sé si alguna vez podré decirte lo que siento. No sé si alguna vez de los días que me quedan en este inmundo hogar al que llamo Tierra podré silenciar hasta a los grillos del jardín con el latido de mi ya sincronizado corazón.
No sé por qué pasó lo que pasó.
Lo único que sé es que todo lo que dije e hice fue cierto. Verdadero.
Con éstas palabras ya comienzo a despedirme; tengo sueño y debo dormir. Dormir para poder soñar contigo, aunque sólo sea esa silueta sinuosa que por entre la niebla de mi razón dilucido de vez en vez.
Ten la seguridad de que volveré a escribir; y espero poder comenzar con tu nombre y tener tu rostro en mis ojos al rasgar el papel. Por ahora habré de conformarme sólo con saber que alguna vez te encontraré.
Hasta entonces, susurra. Susurrame entre frase y frase.
Tuyo desde ahora. Isaac.
