miércoles, 8 de julio de 2015

Carta al Sujeto (4º parte)... "Sueños"




Querido... Sujeto:

¿Qué es lo que ves desde el otro lado del cristal que se comprime y se deforma entre nosotros?

Desde aquí compartimos noches guiadas por Alicia, entre jardines gigantes y rosales descoloridos; paseamos con pinceles pintando pétalos de violeta, rojo y amarillo.

Hicimos volar los tarros mientras llovía, y las pinturas se mezclaron con el agua y la gravilla; las flores se abrieron al arcoíris líquido, mientras cerrabas mis labios con un beso.

Me senté en el balcón, viendo los rayos del sol por sobre la cordillera; y se colaban por entre la bruma como si fueran los brazos del mismísimo Dios, cobijando a quienes como yo, tuvieran la dicha de estar despiertos durante la madrugada.

Eran noches de caricias y amaneceres abruptos, en dónde como siempre, estiraba la mano hacia un costado y no estabas.

Había despertado ya. Y todo había sido un sueño.

¿Qué ves desde el otro lado del cristal que se arruga sin romperse entre nosotros?

Desde aquí no hago más que contemplar una silueta burlesca; otra vez, tras tanto tiempo. Y me derrumbo a los pies de la muralla que no me deja ver quién se oculta más allá.

Pero de las lágrimas brota fuego, y el fuego se cuela por mi boca, por la garganta seca y hasta el pecho, y el fuego arremete contra el cristal de nuevo. Nada.

No sé exactamente si ríes, si lloras, o si tienes un rostro siquiera; sólo sé que ahí estás, constante tras el cristal que golpeo hasta sangrar.

Y hasta que ceda, y reviente en una lluvia de diamantes mientras mis manos se enguaten en profundo carmesí, no pararé.

Hasta entonces, adiós... Sujeto.



miércoles, 4 de febrero de 2015

Fragmentos (1ª parte)



-Estoy muy bien, no me hace falta hablar, gracias-. Dijo él, perfectamente vestido. Impecable como siempre.

La gente se equivoca cuando piensa que la gente deprimida es la que menos se arregla. Me arreglo para no dar pena.

-Oye, que nos conocemos-. Replicó ella. 

-( ... )-. La mirada puesta en la nada. 

-Cómo quieras-. Dio media vuelta y volvió al salón. 

Él se queda, dubitativo. Piensa.

-Es que estoy tan solo. Nadie me llama ya, para nada. Y de Diego no tengo nada. Y todo el mundo ya ha tomado partido. Y duermo con dos almohadas dentro de la cama para no sentirme solo. Y estoy tan mal-. Estampa el cigarrillo, casi consumido, contra el cenicero sobre la mesa. 

La auto compasión nunca ha sido lo mío. -Enciende un cigarrillo más-. Tampoco causar lástima. 

Piensa en él. Como cada día. Cada hora de cada puñetero día. Aspira el humo de su Marlboro como si esperara aspirar cocaína. Se levanta, toma el bolso que descansa en la silla contigua. Camina hacia el punto de encuentro, para en seco. 

A lo lejos puede verlo. Está con alguien más. Da media vuelta, se da de bruces con Sol. 

-Ey, Christian. ¿Estás bien? He visto como los mirabas a ellos. Vaya no sabía que tú y... 

-¿Y tú qué te crees? ¿Que a mis años me voy encaprichando de amigos de toda la vida cómo si fuera un adolescente? Soy soltero, no idiota-. Camina hacia él.

Mejor será que termine ya con ésta puta adicción a ti.