miércoles, 4 de febrero de 2015

Fragmentos (1ª parte)



-Estoy muy bien, no me hace falta hablar, gracias-. Dijo él, perfectamente vestido. Impecable como siempre.

La gente se equivoca cuando piensa que la gente deprimida es la que menos se arregla. Me arreglo para no dar pena.

-Oye, que nos conocemos-. Replicó ella. 

-( ... )-. La mirada puesta en la nada. 

-Cómo quieras-. Dio media vuelta y volvió al salón. 

Él se queda, dubitativo. Piensa.

-Es que estoy tan solo. Nadie me llama ya, para nada. Y de Diego no tengo nada. Y todo el mundo ya ha tomado partido. Y duermo con dos almohadas dentro de la cama para no sentirme solo. Y estoy tan mal-. Estampa el cigarrillo, casi consumido, contra el cenicero sobre la mesa. 

La auto compasión nunca ha sido lo mío. -Enciende un cigarrillo más-. Tampoco causar lástima. 

Piensa en él. Como cada día. Cada hora de cada puñetero día. Aspira el humo de su Marlboro como si esperara aspirar cocaína. Se levanta, toma el bolso que descansa en la silla contigua. Camina hacia el punto de encuentro, para en seco. 

A lo lejos puede verlo. Está con alguien más. Da media vuelta, se da de bruces con Sol. 

-Ey, Christian. ¿Estás bien? He visto como los mirabas a ellos. Vaya no sabía que tú y... 

-¿Y tú qué te crees? ¿Que a mis años me voy encaprichando de amigos de toda la vida cómo si fuera un adolescente? Soy soltero, no idiota-. Camina hacia él.

Mejor será que termine ya con ésta puta adicción a ti.








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