Decía Serrat en una insuperable canción que “de vez en cuando la vida nos besa en la boca” y es cierto, de vez en cuando a Dios se le cuela un milagro entre los dedos y nos cae encima, y si somos listos, lo hacemos nuestro.
A mí me pasó, me pasó un día de mayo, por el paseo de la reforma ocurrió el milagro. Algún día les contaré más, pero creo que ahí empezó mi vida.
Estoy hecho de todo lo ocurrido antes y después de ese día de mayo, estoy hecho de todo lo llorado, y de lo muchísimo que me he reído, hecho del primer beso que me dieron en el portal de la academia de inglés y de lo mal que me lo hacían pasar esos compañeros de clase que se llevaron algunas de mis sonrisas de niño.
Hecho de de los sueños que soñaba cuando no sabía que se cumplirían. Hecho de todos los amigos que han pasado por mi vida y que tanto me han dado. Hecho de los nervios; la primera vez que pisé un escenario, del miedo atroz la primera vez que me puse delante de un auditorio sin saber muy bien que tenía que hacer.
Hecho de los gestos y miradas que la gente me regala, y que a mí me llenan de vida, aunque ellos no lo sepan. Hecho de todos los hombres que he amado, aunque a alguno hubiera deseado no conocerlo jamás. Hecho de mi valentía, de decir siempre lo que pienso y no tantas de decir lo que siento.
He tocado fondo alguna vez y he aprendido a subir hasta la superficie de nuevo, a lavarme la cara con agua fría y afilarme a la vida, a jugar con las cartas que me han tocado y a saber que no hay mal que dure más que yo.
Y en todo este camino, andando un día, me encontré con todos ustedes, con Isabel iniciando una locura, que ha sido sin duda uno de los mejores regalos que la vida me ha dado, un grupo de personas que decidieron formar parte de este camino que es mi vida. Y me encontré con sus mensajes, con sus cartas, con sus confesiones y con sus detalles y siempre estaré en deuda, por mucho que les escriba o que les dedique, por muchas piezas que toque, nunca conseguiré devolverles tanto calor, tanta magia, tanta sensación de que la vida me besa en la boca casi todos los días y alguno de ellos incluso me besa echándome la cabeza hacia atrás, como en las pelis románticas…
Forman parte de mi vida como un tesoro que llevo dentro, son un escudo contra la tristeza, un bonus track para jugar de nuevo cuando me matan, un pequeño secreto que no tienen ni los que me robaron las sonrisas, ni el que jamás debí amar y eso sin duda es un privilegio…