martes, 23 de julio de 2013
Café cargado...
Un día dijo que no sabía si enamorarse o tomarse un café, puesto que quería sentir algo en el estómago, pero solamente de alguien que mereciera la pena... y la alegría.
Indeciso y con el corazón aturdido, lo acompañó el olvido.
Pasaron las horas, los días, los meses y los segundos se le escaparon de las manos.
Tenía un caos mental tal, que cada vez se estaba perdiendo más y más.
Con el tiempo se fue curando y realmente sus cicatrices fueron sanando.
Cuando realmente estaba recuperado, comenzó a confiar, y creyó descubrir uno de los corazones que valía conservar.
Al principio no se hablaban. Pero podían descifrar lo que sentía el otro a través de las punzadas de las miradas esquivas que se lanzaban.
Esas punzadas que le quitaban la vida, pero a la vez se la obsequiaban.
En verdad le encantaban.
No se atrevían a mirarse, pero al final sus miradas se cruzaron.
Realmente no sabe que fue, si suerte o destino; si azar o atino...
Pero finalmente decidió tomarse un café con ÉL.
Decidió apostar, confiar, y entonces dijo...
"Un café cargado, un café cargado para dos"
Y ahora sólo espera; que el café no le termine sabiendo amargo...
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