sábado, 19 de agosto de 2017

CATARSIS...


Duele, maldita sea, cómo duele.

Uno no entiende por qué, uno se rompe la cabeza con recuerdos que te martillean, se rompe los pulmones intentando que el aire llegue a donde tiene que llegar, se rompe las manos sabiendo que no tocarán más aquello que se anhela, se rompe la sonrisa porque ni recuerdas como se hacía...

Crees que los días serán siempre largos y tristes. Crees que nadie te volverá a besar... Que el mundo se acaba con quien se marchó.

Y no.

No se acaba, no va de eso; todo lo que sucede conviene, les prometo que es así.

Uno vuelve a sonreír en cuanto se permite que así sea. Uno siempre vuelve a enamorarse, pero mientras tanto hay que dejar partir.

Ya está, no te quiere. Pero, ¿y tú? ¿Te quieres? ¿De verdad hay que pasar todo ese tiempo mirando hacia un cristal vacío? ¿De verdad hay que entregarle tanto tiempo a la tristeza?

Vamos, que es sólo una persona más de tantas y tantas que abarrotan este mundo. No te quiere, es verdad. Jode, es verdad. Duele, es verdad.

¿Y?

Hay que lavarse la cara con agua fría y salir del mal sueño. La vida no se le regala a un mal sueño.

Ya he tenido el corazón roto, quiero decir, ¿quién no? Yo también pensé que me iba a morir.

Y no, no te mueres. Al cielo gracias porque cuando menos uno lo espera, la vida te regala lo soñado. Lo no explorado. Deseo.

Y vuelas. Y amanece. Y ya no duele.

Y quizá...


Jamás vuelva a doler.

miércoles, 8 de julio de 2015

Carta al Sujeto (4º parte)... "Sueños"




Querido... Sujeto:

¿Qué es lo que ves desde el otro lado del cristal que se comprime y se deforma entre nosotros?

Desde aquí compartimos noches guiadas por Alicia, entre jardines gigantes y rosales descoloridos; paseamos con pinceles pintando pétalos de violeta, rojo y amarillo.

Hicimos volar los tarros mientras llovía, y las pinturas se mezclaron con el agua y la gravilla; las flores se abrieron al arcoíris líquido, mientras cerrabas mis labios con un beso.

Me senté en el balcón, viendo los rayos del sol por sobre la cordillera; y se colaban por entre la bruma como si fueran los brazos del mismísimo Dios, cobijando a quienes como yo, tuvieran la dicha de estar despiertos durante la madrugada.

Eran noches de caricias y amaneceres abruptos, en dónde como siempre, estiraba la mano hacia un costado y no estabas.

Había despertado ya. Y todo había sido un sueño.

¿Qué ves desde el otro lado del cristal que se arruga sin romperse entre nosotros?

Desde aquí no hago más que contemplar una silueta burlesca; otra vez, tras tanto tiempo. Y me derrumbo a los pies de la muralla que no me deja ver quién se oculta más allá.

Pero de las lágrimas brota fuego, y el fuego se cuela por mi boca, por la garganta seca y hasta el pecho, y el fuego arremete contra el cristal de nuevo. Nada.

No sé exactamente si ríes, si lloras, o si tienes un rostro siquiera; sólo sé que ahí estás, constante tras el cristal que golpeo hasta sangrar.

Y hasta que ceda, y reviente en una lluvia de diamantes mientras mis manos se enguaten en profundo carmesí, no pararé.

Hasta entonces, adiós... Sujeto.



miércoles, 4 de febrero de 2015

Fragmentos (1ª parte)



-Estoy muy bien, no me hace falta hablar, gracias-. Dijo él, perfectamente vestido. Impecable como siempre.

La gente se equivoca cuando piensa que la gente deprimida es la que menos se arregla. Me arreglo para no dar pena.

-Oye, que nos conocemos-. Replicó ella. 

-( ... )-. La mirada puesta en la nada. 

-Cómo quieras-. Dio media vuelta y volvió al salón. 

Él se queda, dubitativo. Piensa.

-Es que estoy tan solo. Nadie me llama ya, para nada. Y de Diego no tengo nada. Y todo el mundo ya ha tomado partido. Y duermo con dos almohadas dentro de la cama para no sentirme solo. Y estoy tan mal-. Estampa el cigarrillo, casi consumido, contra el cenicero sobre la mesa. 

La auto compasión nunca ha sido lo mío. -Enciende un cigarrillo más-. Tampoco causar lástima. 

Piensa en él. Como cada día. Cada hora de cada puñetero día. Aspira el humo de su Marlboro como si esperara aspirar cocaína. Se levanta, toma el bolso que descansa en la silla contigua. Camina hacia el punto de encuentro, para en seco. 

A lo lejos puede verlo. Está con alguien más. Da media vuelta, se da de bruces con Sol. 

-Ey, Christian. ¿Estás bien? He visto como los mirabas a ellos. Vaya no sabía que tú y... 

-¿Y tú qué te crees? ¿Que a mis años me voy encaprichando de amigos de toda la vida cómo si fuera un adolescente? Soy soltero, no idiota-. Camina hacia él.

Mejor será que termine ya con ésta puta adicción a ti.








lunes, 17 de noviembre de 2014

Carta al Sujeto (3º parte)... "Urbe"




Querido... Sujeto:

Bajo un semáforo me he instalado y he encendido un cigarrillo.

Ultimamente me he soñado como una prostituta; y no por esa plata que gracias al cielo, nunca me ha extrañado. Sino por la excusa que ofrece el hecho de intentar vislumbrar en los vidrios polarizados tu rostro amable diciendo y significando ése "te amo" tan ausente. 

Es una noche fría y sin luna. Estoy cansado de salir de las cobijas para ofrecer mi amor...

¿Quién añorará a éste prostituto que ahora ofrece ávidamente su amor, cómo tantas veces creyó poder comprarlo?

No quiero ser quien finja amor por ti. Quiero un beso tierno, un abrazo por la espalda y un susurro de miel.

¿Difícil? Ya lo creo.

"Quiero" Vaya expresión. Narcisista como yo. Quiero, necesito, deseo... "Yo" antecede a estas palabras, al enlazar mis frases mientras camino dubitativo mientras consumo mi vida, literalmente. Fumo. 

Logré entenderlo. No soy digno de ti aún. 

Debo encontrar en algún sitio, y en realidad dentro de mi mismo esas cosas que me faltan. 

Ahora imagina por un momento que apareces de repente tras esos vidrios polarizados; mi vida entera se volvería un estúpido cliché sin sentido. 

Juego con fuego, amado. Lo tengo claro. 

Hasta entonces... Sujeto. 


martes, 2 de septiembre de 2014

Carta al Sujeto (2º parte)... "Dunas"



Querido... Sujeto:

Me encuentro perdido entre cerros que se derrumban sobre el campo en el que improvisé un "soñé".

Me recuesto sobre la piedra demolida que no teme atenuar con su abrazo al viento infame que se empeña en remover la mata seca que se resignó a crecer sobre mi coronilla. 

Apenas subiste sobre mis ojos un resquicio de la ilusión que surgió de un oasis; aquel que me libró de la angustia que antaño sentí.

¿Quién soy yo para descifrar el tarot del colgante que adorna mi cuello? Un collar nauseabundo y podrido que ha perdido la delicadeza de antaño, y que se ha cernido sobre mi cuello fundiendo aquel rúnico mensaje en el mapa de piel que fui incapaz de descifrar. 

¿Quién pudo imaginar alguna vez que para encontrarte trazarías a través de dunas y desiertos los caminos inescrutables de un amor tan imposible?

Aquel que llegue a conocerte, entenderá lo que has hecho para no recorrerlo. No quieres que nadie te alcance, cervatillo, y has imaginado un laberinto en la nada; pero mi... Sujeto, has pasado por alto mi obsesión.

¿Creíste de verdad que me daría por vencido?

¿Creíste que me rendiría frente al ocaso que amenaza congelarme mientras me pierdo sin tu ser?

Pues olvidas que tengo las luciérnagas que me indican dónde estás; por dónde ir...

No así a quién encontrar. 

¡Maldita sea! Estás acabando con mi reloj; se termina su arena. No así la que se niega a cubrirme con su manto para que el viento ingrato no me hiele. 

Pero vi tu oasis; la morada que inhabitabas. Y corrí y creí no alcanzarla. La alcancé y creí no abrirla. La abrí y creí no encontrarte.

Fue así.

Me dejaste una runa labrada, y entonces entendí que no quieres que no busque. Quieres que te encuentre.

Hasta entonces, adiós... Sujeto.


jueves, 19 de junio de 2014

Carta al Sujeto (1º parte)... "Deseo"



Querido... Sujeto.

Perdóname. No es un secreto tu nombre; y el mío no importa realmente. Te escribo esta carta para...

Ya no sé ni para que te escribo. Simplemente lo hago. Yo sé quién eres. Y aún así sigo escribiendo.

Y es que necesito hacerlo para saber que no estoy solo. Necesito creer que hay alguien esperando leer éstas palabras, para luego dejarlas con un beso. Suave.

Y a sabiendas que tu cuerpo no puedo tener, podría jurar ver tu silueta sinuosa por entre la niebla de mi razón, susurrando entre frase y frase mientras escribo.

Yo sé quién eres, cómo eres y de dónde eres. Lo que no sé es por qué me gustas. De qué manera. Incierta.

Pero hay mucho más que no sé.

No sé si habrá algo incorruptible entre nuestras almas. No sé si alguna vez podré decirte lo que siento. No sé si alguna vez de los días que me quedan en este inmundo hogar al que llamo Tierra podré silenciar hasta a los grillos del jardín con el latido de mi ya sincronizado corazón.

No sé por qué pasó lo que pasó.

Lo único que sé es que todo lo que dije e hice fue cierto. Verdadero.

Con éstas palabras ya comienzo a despedirme; tengo sueño y debo dormir. Dormir para poder soñar contigo, aunque sólo sea esa silueta sinuosa que por entre la niebla de mi razón dilucido de vez en vez.

Ten la seguridad de que volveré a escribir; y espero poder comenzar con tu nombre y tener tu rostro en mis ojos al rasgar el papel. Por ahora habré de conformarme sólo con saber que alguna vez te encontraré.

Hasta entonces, susurra. Susurrame entre frase y frase.

Tuyo desde ahora. Isaac.


miércoles, 11 de diciembre de 2013

Otoño...



Nos marchamos o nos marchitamos, que sé yo.

Sólo sé que desde entonces ya no nos decimos "adiós", por que con los desconocidos no se habla; o al menos eso me enseñaron a mi. 

Pasarán los meses como han pasado ya.

Pasarán los años como han pasado desde que nos conocimos y por que tienen que pasar. Y nos olvidaremos.

Por que tiene que pasar.

Al menos tengo la certeza de que el otoño y el invierno harán de todo lo que (no) vivimos, un bonito montón hojas.