Querido... Sujeto:
Me encuentro perdido entre cerros que se derrumban sobre el campo en el que improvisé un "soñé".
Me recuesto sobre la piedra demolida que no teme atenuar con su abrazo al viento infame que se empeña en remover la mata seca que se resignó a crecer sobre mi coronilla.
Apenas subiste sobre mis ojos un resquicio de la ilusión que surgió de un oasis; aquel que me libró de la angustia que antaño sentí.
¿Quién soy yo para descifrar el tarot del colgante que adorna mi cuello? Un collar nauseabundo y podrido que ha perdido la delicadeza de antaño, y que se ha cernido sobre mi cuello fundiendo aquel rúnico mensaje en el mapa de piel que fui incapaz de descifrar.
¿Quién pudo imaginar alguna vez que para encontrarte trazarías a través de dunas y desiertos los caminos inescrutables de un amor tan imposible?
Aquel que llegue a conocerte, entenderá lo que has hecho para no recorrerlo. No quieres que nadie te alcance, cervatillo, y has imaginado un laberinto en la nada; pero mi... Sujeto, has pasado por alto mi obsesión.
¿Creíste de verdad que me daría por vencido?
¿Creíste que me rendiría frente al ocaso que amenaza congelarme mientras me pierdo sin tu ser?
Pues olvidas que tengo las luciérnagas que me indican dónde estás; por dónde ir...
No así a quién encontrar.
¡Maldita sea! Estás acabando con mi reloj; se termina su arena. No así la que se niega a cubrirme con su manto para que el viento ingrato no me hiele.
Pero vi tu oasis; la morada que inhabitabas. Y corrí y creí no alcanzarla. La alcancé y creí no abrirla. La abrí y creí no encontrarte.
Fue así.
Me dejaste una runa labrada, y entonces entendí que no quieres que no busque. Quieres que te encuentre.
Hasta entonces, adiós... Sujeto.

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