Duele, maldita sea, cómo duele.
Uno no entiende por qué, uno se rompe la cabeza con recuerdos que te martillean, se rompe los pulmones intentando que el aire llegue a donde tiene que llegar, se rompe las manos sabiendo que no tocarán más aquello que se anhela, se rompe la sonrisa porque ni recuerdas como se hacía...
Crees que los días serán siempre largos y tristes. Crees que nadie te volverá a besar... Que el mundo se acaba con quien se marchó.
Y no.
No se acaba, no va de eso; todo lo que sucede conviene, les prometo que es así.
Uno vuelve a sonreír en cuanto se permite que así sea. Uno siempre vuelve a enamorarse, pero mientras tanto hay que dejar partir.
Ya está, no te quiere. Pero, ¿y tú? ¿Te quieres? ¿De verdad hay que pasar todo ese tiempo mirando hacia un cristal vacío? ¿De verdad hay que entregarle tanto tiempo a la tristeza?
Ya está, no te quiere. Pero, ¿y tú? ¿Te quieres? ¿De verdad hay que pasar todo ese tiempo mirando hacia un cristal vacío? ¿De verdad hay que entregarle tanto tiempo a la tristeza?
Vamos, que es sólo una persona más de tantas y tantas que abarrotan este mundo. No te quiere, es verdad. Jode, es verdad. Duele, es verdad.
¿Y?
Hay que lavarse la cara con agua fría y salir del mal sueño. La vida no se le regala a un mal sueño.
Ya he tenido el corazón roto, quiero decir, ¿quién no? Yo también pensé que me iba a morir.
Y no, no te mueres. Al cielo gracias porque cuando menos uno lo espera, la vida te regala lo soñado. Lo no explorado. Deseo.
Y vuelas. Y amanece. Y ya no duele.
Y quizá...
Jamás vuelva a doler.
